Semana de la ciencia

«La felicidad no está en la ciencia, sino en la adquisición de la ciencia».
Edgar Allan Poe.

Periódicamente celebramos la Semana de la Ciencia, el evento que pretende acercar la ciencia a la sociedad. Para ello se coordina un amplio Programa de Actividades con exposiciones, mesas redondas, talleres, visitas guiadas, conferencias, excursiones… El fin: invitar al ciudadano a descubrir, experimentar y disfrutar con la ciencia de hoy y de mañana. Estas palabras se extraen de las diferentes web que anuncian las actividades en cada comunidad, por lo menos así sucede en nuestra comunidad de la Región de Murcia.

Para este evento las universidades hacemos un esfuerzo en mostrar diferentes actividades que desarrollamos con nuestros alumnos y pequeños ejemplos de lo que enseñamos en las carreras. Es encomiable la labor de mis antiguos profesores y compañeros de facultad en llevar las matemáticas a los curiosos de la ciencia. Con lo que nos cuesta a los profesores que nos entiendan, este año, como los anteriores, han mostrado unas matemáticas difíciles en unas explicaciones sencillas y divulgativas. La trasmisión de que la ciencia es el resultado del estudio, debe inculcarse en los jóvenes estudiantes. No se trata de un divertimento para pasar una tarde desocupada, sino de buscar el despertar en las posibilidades que nos ofrece el mundo donde vivimos.

He disfrutado con la labor de los profesores enseñando la construcción de cohetes y su vuelo propulsados por gaseosa. Todo cuanto nos lleve a abrir los ojos de los niños inyectándoles un suero de curiosidad es un paso en conseguir más amantes de la ciencia para el futuro.

El esfuerzo de los entes públicos y privados en llevar adelante estos eventos no debe cejar; es más, debemos aumentarlo, conseguir que la Semana de la Ciencia sea el inicio de un año de la ciencia. Ahí es donde los institutos pueden explotar todas sus posibilidades.

En estos casos siempre recuerdo las películas norteamericanas, cuando los niños de los colegios o sus institutos desarrollan actividades durante el curso, que las plasman en competiciones al final del mismo. Puede que nuestra Semana de la Ciencia tuviese mayor impacto si se trasladase a final de curso. Cuando el alumno ha tenido oportunidad de aprender y preparar su actividad para mostrarla a su vecinos, a sus amigos, a sus familiares. Incluso desde las Universidades podríamos diseñar con mejores perspectivas demostraciones de nuestras clases que los alumnos hayan podido dominar durante todo el curso. Con este tiempo disponible, no solo conseguiríamos trasladar la ciencia al ciudadano, sino implicar a la mayoría de nuestro alumnado en el deseo de trasmitir sus propias creaciones.

Solo sería necesario que, quienes aportan gran parte de la subvención para estos eventos, no lo vean como un acto más para aumentar su bagaje de actuaciones y logros, sino un verdadero propósito desinteresado en conseguir que la ciencia cale en la sociedad.


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