Infinitamente pequeño

«La naturaleza y sus leyes yacían ocultas en la noche;
Dijo Dios “que sea Newton” y todo se hizo luz.«
Alexander Pope

El pasado día, leyendo un artículo sobre Sumio Iijima y sus nanotubos de carbono, recordé una conversación con un compañero. En la física-matemática actual hay dos campos que emergen con fuerza: la nanotecgnología y la criptografía cuántica.

Sumio Iijima ha recibido el Premio Principe de Asturias por su contribución en la nanotegnología, que ha facilitado nuevos y revolucionarios materiales y técnicas trascendentales para la lucha contra enfermedades, como las relacionadas con el cerebro y el cáncer, y la producción de tejidos y órganos artificiales.

Utilizando las mismas palabras de la Fundación Principe de Asturias, Sumio Iijima descubrió, en 1991, los nanotubos de carbono, materiales hechos a base de átomos de carbono, y su potencial inherente. Son las fibras más resistentes conocidas hasta el momento, lo que da lugar a una nueva generación de materiales ultraligeros y ultrarresistentes. Estos versátiles materiales, excelentes conductores del calor y la electricidad que pueden comportarse como metales o semiconductores, podrían revolucionar los campos de la electrónica y la computación, entre otras muchas aplicaciones. Una de ellas revierte directamente en el campo de las energías renovables, al haberse demostrado que los nanotubos de carbono son unos candidatos excepcionales al almacenamiento seguro del hidrógeno, uno de los combustibles del futuro.

Este trabajo entra de lleno en el mundo de lo infinitamente pequeño, como la criptografía cuántica. El nuevo enfoque de la criptografía se basa en la mecánica cuántica, en el comportamiento del fotón y en el principio de incertidumbre de de Heisenberg. Otra vez el mundo de lo infinitamente pequeño.

Hubo un periodo de esplendor crucial en el devenir de las matemáticas: el nacimiento del Cálculo infinitesimal. Aunque los primeros bocetos del mismo los llevaron a cabo entre Arquímedes(*) y siglos después Fermat(*), fueron Isaac Newton y Gottfried Leibniz quienes abrieron de par en par las ventanas de una habitación repleta de nuevas matemáticas. El concepto de infinitesimales no se desarrolló suficientemente como para ser aceptado por todos los matemáticos, pero los más osados comenzaron a vislumbrar la importancia que tendría en las matemáticas venideras.

Una vez más, lo infinitamente pequeño nos vuelve a enseñar cuan importante puede llegar a ser algo tan pequeño a nuestros ojos.

(*)»Arquímedes y los orígenes del cálculo integral» y «Fermat y los orígenes del cálculo diferencial» son dos libros de Pedro Miguel González Urbaneja, Editorial Nivola.


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